viernes, 8 de febrero de 2019

Al habla la chica de los calcetines de colores

Esta mañana me he sorprendido leyendo el blog de Pájaros de Papel. Veía las fotos de Caudete, de las veladas, los vídeos. Y me he acordado de muchas cosas. Todas buenas. Al habla la chica de los calcetines de colores.
Recuerdo cuando Alicia, Laura Codes y yo entramos a esa sala en la que estaban tres adultas. No sabía muy bien qué hacía allí, si os soy sincera. Había una mujer que nos miraba y nos preguntaba que qué creíamos que podría interesar a los jóvenes. Las otras dos mujeres miraban y opinaban. No pasó mucho. No pasó mucho, o eso creí que pasó. Cuando ves las situaciones pasado un tiempo te das cuenta de lo importante que son ciertos momentos en la vida de una persona. Ese día de verano después de un curso de escritura fue de los más importantes que recuerdo a lo largo de mi vida. Esa mujer que nos miraba y preguntaba sin mucho interés se llamaba Laura y no sabía que se iba a convertir en mi Pajarraca, en una amiga. Y no solo la mía, sino la del resto de personas con las que compartiría momentos vitales de mi adolescencia.
No voy a mentir: no me acuerdo de las primeras sesiones, pero porque fueron una mierda. Parecía un club de lectura y todo. Las que empiezo a recordar cuando pienso en Pájaros de papel son las sesiones en las que nos rompíamos por dentro. Le he dado mil vueltas a esto muchas veces: el por qué cada vez que había sesión íbamos todas con el corazón en la mano dispuestas a mostrarlo. Llegamos a pájaros rotas como jarrones estampados contra el suelo y pisoteados. Yo también. Pero entonces se sucedieron las sesiones y nos pusimos motes, nos dimos abrazos grupales, bailamos, alegramos reuniones de clubes de lectura bailando en círculo alrededor de Laura y Zamora. Acogimos a las que eran diferentes a nosotras, aceptamos que éramos diferentes y cenamos pizza. Nos quedamos perdidas en una gasolinera de Albacete, tuvimos a un oso como otro miembro más. Nos enamoramos, nos rompimos los corazones, hicimos amigas y, gracias a Dios, lo seguimos siendo. Encontramos un espacio en esta ciudad en el que poder ser nosotras mismas. Y entonces el grupo fue creciendo: Lucía Merencio, Laura, Blanca, Zamora, Clara, Irene, Candela, Jorge… Hubo sesiones en las que más de una persona lloró porque se abrió en canal. Y yo, desde que afirmé que detrás de esos calcetines de colores había una chica que quería ser libre y feliz, no he vuelto a llevar calcetines de colores. Porque al igual que Pájaros de papel, llevo a esa chica dentro de mí. Crecí en un club de lectura que me dio mucho más que leer libros (cosa que, la verdad, no he hecho mucho), me dio amigas, recuerdos, alegrías y un lugar al que volver siempre. Esto desaparecerá, porque sí, como todo. Pero quedaremos nosotras y siempre llevaré en el corazón los 3 maravillosos años que pasé creciendo aquí, hablando de feminismo, de la comunidad LGBT a la que pertenezco, debatiendo sobre la muerte, la vida, lo que es vivir y lo que es morir.
Todos y cada uno de estos momentos han significado mucho más que ir a un grupo de lectura los viernes a las siete de la tarde en la biblioteca. He aprendido a priorizar a personas a las que quiero antes que a las que no, a que puedo convivir con gente que no tiene mi misma ideología pero sí las mismas ganas de vivir, que da igual el género de tu pareja si compartís la misma pasión por la vida, y a que alguien adulto puede ser un amigo fiel. Pero, sobretodo, he aprendido que ser yo misma es posible, y que debe ser así.

Algún día, como he dicho, desaparecerá. Pero, me queda el alivio de que dentro de mucho o no mucho, habrá otro club de lectura, aquí, con personas jóvenes dispuestas a enfrentarse a la vida y que, sobretodo, serán acogidas, todas y cada una de ellas, bajo las grandes alas de su Pajarraca. Y no lo olvidarán. Nunca.  

Clara Fueguito. 

1 comentario:

  1. Llorando a lagrima viva y amando cada recuerdo.
    Yo tampoco sabía lo mucho que iba a aprender de esta experiencia....
    posiblemente, lo mejor que he hecho en mis 15 años de carrera profesional, ha sido ser la Pajarraca.

    ResponderEliminar